Danza del vientre al ritmo de la musica y despedida de Túnez
Antes de partir de vuelta al barco, nos llevaron a un restaurante en donde nos dieron un té y unos dulces típicos árabes, que por cierto estaban exquisitos, al igual que el té. Este restaurante resultó ser uno de los mejores de todo Túnez. Aparentemente no se pueden comparar con los restaurantes que podemos ver en cualquier país europeo, pero el encanto y la amabilidad de sus gentes fue de primera clase.
Una vez dentro del restaurante nos dirigieron a un saloncito en un patio interior, donde nos sentamos alrededor de varias mesas redondas. Justo en frente teníamos a tres músicos que amenizaron el té con música típica de la tierra.
A continuación salió al patio una mujer, de la tierra, que nos deleitó con una danza del vientre al ritmo de la música. El espectáculo no duró mucho, pero justo al terminar dicha bailarina apareció otra, de menor edad que si realizó una danza de mayor duración y mayor sensualidad.
Tuve la oportunidad de visitar el interior del restaurante y pude ver los salones reservados que posee el mismo. Unos rinconcitos muy agradables y decorados de manera muy distinta a cualquier restaurante que he visto. Aunque sin duda, no me importaría volver
para comer en el mismo lugar.
Y como anécdota y curiosidad, antes de embarcar al barco, en el mismo puerto se encontraban varias personas alrededor de un diminuto y precioso camello, que prácticamente parece de peluche… que monada!



