Roma, San Pedro y El Trastévere, desembarcando en el puerto Civitavecchia
Al día siguiente llegamos al puerto de Civitavecchia (uno de los más grandes del Mediterráneo).
En esta ocasión no atracamos en la ciudad de destino, así que contratamos una excursión libre, es decir, una vez en Roma somos libres de ir donde queramos pero a la tarde volver al punto de reunión para regresar al Costa Concordia.
El viaje fue ameno aunque si tardamos cerca de una hora en llegar a la ciudad. Llegamos directamente a la Plaza de San Pedro (el Vaticano), donde nos bajamos del autobús y nos dispusimos a empezar a conocer la ciudad. La verdad es que impresiona bastante la plaza, es realmente grande.
Al igual que en Palermo, el tráfico de Roma es un tanto suicida: los coches van bastante rápido y todo lo que se refiere a ellos en general es un caos.
Después de sacar unas cuantas fotografías en la plaza de San Pedro comenzamos la marcha por Roma y nos dirigimos directamente a la zona del Trastévere, una de las más bonitas de toda Roma. Los colores rojizos en la viejas paredes, el empedrado del suelo y las pequeñas terrazas de los bares y restaurantes hacen de este barrio un lugar muy acogedor.
Como curiosidad, pude comprobar que muchos de los coches Smart que pude ver estacionados, estaban aparcados perpendicularmente a la acera. Algo que ahorraba mucho espacio, la verdad.
Pasear por esta ciudad es increíble, es todo tan grande e imponente; que no te puedes hacer a la idea del imperio que llegó a ser Roma.



